Este es un pequeño relato que tenia pendiente, en el que he querido cambiar mi estilo un poco. Siempre he tocado situaciones con un trasfondo humorístico o bien épico, pero esta vez toca algo más lúgubre.
Es un minirelato de ¿miedo?, bueno intento transmitir el agobio del protagonista aunque no se si lo consigo puesto que es la primera vez que toco este género, y aunque mi imaginación tenia clara las situaciones e imágenes, es complicado transmitir las sensaciones. A su vez también es mi primer intento en meter diálogos, cosa que me resulta un poco difícil.
Y ya no me enrollo más, aquí tenéis el tocho (para leerlo completo dadle a “LEER MAS”).
Miedo, dolor, desorientación. Eso fue lo primero que sentí al despertar.
Me costó abrir los ojos, pero más aun conseguir enfocar la mirada hasta que pude observar lo que me rodeaba… me encontraba tirado en un lugar decadente, lúgubre, derruido. Todo a mi alrededor eran cascotes, pilares caídos, paredes y techos que parecían mantener un delicado equilibrio para no desplomarse.
Una punzada de dolor recorrió mi cabeza, me pasé la mano temerosamente cuando noté algo reseco y pegado al pelo. Era sangre, mi propia sangre, tenía una brecha en la cabeza.
No se cuanto tiempo llevaba ahí tirado, y no recuerdo que hacia aquí. Oigo pasos.
Se acerca hacia mi corriendo una figura de pequeña estatura, una niña tal vez.
-¡No te muevas! – Me dice intentando no levantar la voz demasiado.
Algo en ella me inquieta, la observo y entiendo el que, no es humana sino un metaloid. Antes ni siquiera de poder reaccionar, me sujeta y me susurra al oido.




